Relato
Los relatos son la sustancia de la novelas. Breves compañeros para días de lluvia, solaz, aventura, atrevimiento o viaje. Cada relato nos entrega su existencia, para que la vivamos con ellos, como un personaje más.

Cuentos para leer descalzo
Cuentos para leer descalzo, recoge algunos de los relatos de Bernardo Casado, escritos entre 2000-2024 que aún no habían visto la luz. Desde un paseo peculiar por la Cava Baja de Madrid, hasta El viejo que leía fotografías. Relatos todos para leer descalzo, es decir, liberados y confortables.
CUENTO PARA LEER DESCALZO
Por fin estoy descalzo, los pies soberanos. En el sofá sin postura ni orden. Durante todo el día he estado deseando que llegara este momento, el de abrir la primera página de un nuevo libro, quizá una dedicatoria, quizá un prólogo o prefacio, o solo quizá el propio relato sin más preámbulos. Sigo usando calendarios de pared, y en cada una de sus hojas consta un mes. El día que comienzo un libro lo sombreo en rojo en el calendario, como día festivo.
Hoy es uno de esos días que debo sombrear en rojo, cierto es que ya lo he hecho. Y estoy descalzo, las piernas recogidas, y avanzo con la primera página, es una dedicatoria.
A Taylor y Swan por su paciencia infinita,
a Jeri Nolowaski, incondicional amigo y confesor.
Por mi está bien, nunca pondría en tela de juicio una dedicatoria, que es el ofrecer el parto de cientos de verbos, sustantivos y reflexiones a alguien que quieres, admiras o incluso a quien odias, que es acto profundo de no aprecio.

La otra mitad del aire
Entendiendo que una mitad del aire es el verso, la otra necesariamente debe ser la prosa. Con relatos como "El inventor de palabras", donde se elucubra sobre la invención de las palabras, hasta Nota de Pago 1965, relato que refleja un breve perfil del Madrid de aquellos años.
CONSEJOS PARA DÍA DE VIENTO
Desde que se jubiló hacía seis días, desayuna como cuando era niña, despacio y con la zapatilla de su pie izquierdo medio sacada. Hay cosas que nunca se olvidan. Un golpe de viento sacudió la ventana y Camila apretó su zapatilla medio calzada, quizá para que el fuerte aire no se la llevara como había hecho con la bolsa de plástico y las hojas en remolino. No sabía que el viento ya estaba en la casa. Había entrado por debajo de las puertas, por las tuberías, por las junturas de las ventanas, había subido en el ascensor sin presionar piso, y ya estaba en el comedor, en el interior del paquete de pan de molde, hurgando en las fotografías que estaban expuestas sobre la mesita pequeña del comedor.